26 septiembre 2007

Dudas

¿conoce la nostalgia
la colilla
tirada en la vereda?

la hoja del cuaderno
fulgor en la terraza
¿le teme al viento?

¿tendrá frío
el viejo termómetro
en el cajón del medio?

28 junio 2007

Teorema de tales

El silencio se define como la intersección de dos voces y, siendo la distancia la aquiescencia de dos cuerpos adyacentes, el movimiento resulta elevando uno (el cuerpo) a la potencia del otro. Si la ecuación es correcta las consecuencias serán que la tal Eva sonría cuando el tal Adán la mire o que ambos tales converjan en un espacio equivalente a la raíz de sus figuras. En este sentido, a medida que el seno de la tal Eva aumente, la tangente del tal Adán tenderá al infinito. Del mismo modo, cuánto más agudo sea el ángulo de las perpendiculares, la concavidad y convexidad de los tales elevarán su exponencial.

08 junio 2007

Diario de un hombre

a cada paso

más grieta

mueca absurda

ventisca



llaga en la luz



henos aquí

girando en derredor

con la boca abierta

29 mayo 2007

Se solicita a los señores pasajeros








Señores pasajeros:
Escribid
Necesitamos valijas
Viajantes
Historias
Vendedores apurados
Cavilaciones
Zapatos rotos
Versos

Necesitamos reflexión
Bolsos
Cabeceadores
Panfletos
Reflectores en la noche
Tacos altos
Reflejos
Reparos
Reflujos

Más que palabras
Necesitamos aceite
Silencio
Ajustar el mecanismo
Paciencia
Y otras cosas pa leer
Lecturas
Como un cross a la mandíbula
Pa que la cinta camine

11 mayo 2007

El Gran Hermano nos refleja

3.777.000 votos telefónicos decidieron el resultado de Gran Hermano de Argentina. Un número bastante abultado para una población que no llega a los 40 millones. En cuanto al rating, los expertos sostienen que tendrá que jugar la selección de fútbol la final del próximo mundial contra Brasil para igualar la cifra.
Los AMI (Analistas Mediáticos Integrados) sostienen que el éxito se debe a que nuestro pueblo tiene una enorme vocación política (¿quién no ha cortado una ruta alguna vez?) y encontró en Gran Hermano una tribuna en la que expresar, metafóricamente, su pensamiento sobre el manejo de la cosa pública: que se vayan todos, dicen que decía buena parte de los mensajes de texto.

01 mayo 2007

John Lennon in Memoriam

El Tonto En La Colina
recogió los Diamantes de Lucy
arrojados en una esquina del Dakota
en el Anochecer De Un Día Agitado

A Través Del Universo
un Hombre De Ningún Lugar
decide que Todo Lo Que Necesitas Es Amor
mientras Julia
recorre los Campos De Frutilla Para Siempre

desde entonces
El Rey Sol
ofrece Un Día En La Vida
para Darle Una Oportunidad A La Paz

21 abril 2007

Decepción

poca copa
poco cebo
el beso
poca luna
casi nula
casi nada
de todo
escaso el caso
que me convoca

14 abril 2007

DIABETES

sé que estás en las ruinas de Machu Picchu
de tu relación con Mariana
sólo que no cobrás a los turistas
que vienen a visitar tus terrenos sagrados
deberías por lo menos pasar la gorra
o pedir un permiso a la municipalidad
para declararte patrimonio histórico
así te asignarían un museo
para exhibir reliquias de tu relación

podrías traer la puerta del baño donde ella escribió
que "no hay mal que por bien no venga"
sin duda el baño era el lugar preferido de ella
para organizar todos sus órganos vitales
y en los cuales nunca entraste

el pantalón atraería a muchos hombres solteros
no hay duda de que lo mejor de ella lo traía en esa tela
los forros que gastaste lo podés utilizar de abono
para la planta de sombra que te regaló
o la sábana con que envolviste a la momia de tu sombra
o esa cadena que sale de tu sexo hacia el de ella

todos esos boletos que juntaste al viajar a su casa
ahora te pueden servir de algo
ni hablar de ese cuerpo que fuiste afinando en el gimnasio
bautizando cada músculo que te crecía con el nombre del aparato

no te puedo ver así...

no volviste abrir más los dedos
las hormigas se llevan tus huesos
el mal tiempo te hace salir a la superficie como a los sapos
se acerca tu cumpleaños y vos sin trabajo
25 gusanos cumplís
entrás todos los días en tu cuerpo con otra sangre
salís como salen las bolsas de basura
no te ponés más en los zapatos del mundo
y creés que ella va a venir a empujarte al precipicio
a poner la bala en el revólver
o a cambiar las pilas del control remoto

Alberto R. Bautista

08 abril 2007

Receta

Unir las palabras abismo y silencio. Agregar una cucharada de ausencia y batir a punto de nieve. Enmantecar un recipiente para horno y espolvorear con la palabra olvido en forma pareja. Si se desea un sabor más intenso no olvide incluir azarosamente la palabra vacío y algunas hojas de soledad. Sazonar con azules y ocres a discreción y poner a hornear veinte minutos.
Obtendrá un poema que muchos digerirán sin que les provoque efervescencias en la sangre.

Sin título

cuando nadie la ve
se sabe más frágil

no es miedo
es otra cosa

siempre es otra cosa

adentro
quema un cielo
sin sorpresas

20 marzo 2007

Sergio Di Nucci, autor de Nada

La obra visible que ha dejado este periodista es de fácil y breve enumeración. Son, por lo tanto, imperdonables las omisiones y adiciones perpetradas por madame Henri Bachelier en un catálogo falaz que cierto diario cuya tendencia conservadora no es un secreto ha tenido la desconsideración de inferir a sus deplorables lectores —si bien estos son pocos y neoliberales, cuando no fascistas y populistas. Los amigos auténticos de Di Nucci han visto con alarma ese catálogo y aun con cierta tristeza. Diríase que ayer nos reunimos ante el mármol final y entre los cipreses infaustos y ya el Error trata de empañar su Memoria... Decididamente, una breve rectificación es inevitable.
Me consta que es muy fácil recusar mi pobre autoridad. Espero, sin embargo, que no me prohibirán mencionar dos altos testimonios. La baronesa de Bendahan (en cuyos vendredis inolvidables tuve el honor de conocer al llorado periodista) ha tenido a bien aprobar las líneas que siguen. La condesa de Parodi, uno de los espíritus más finos de la Academia, ha sacrificado “a la veracidad y a la muerte” (tales son sus palabras) la señoril reserva que la distingue y en una carta abierta publicada en la revista Radar me concede asimismo su beneplácito. Esas ejecutorias, creo, no son insuficientes.
He dicho que la obra visible de Di Nucci es fácilmente enumerable. Examinado con esmero su archivo particular, he verificado que consta de las piezas que siguen:
a) Un soneto simbolista que apareció dos veces (con variaciones) en la revista La Conque (números de marzo y octubre de 1999).
b) “El vestido roto”, una reseña sobre el libro Entre Franco y Perón: Memoria e identidad del exilio republicano español en Argentina, deDora Schwarzstein (Radar Libros, 2001).
c) Una monografía sobre “ciertas conexiones o afinidades” del pensamiento de Descartes, de Leibniz y de John Wilkins (Nîmes, 2001).
d) Una monografía sobre la Characteristica Universalis de Leibniz (Nîmes, diciembre de 2001).
e) Un artículo técnico sobre la posibilidad de enriquecer el ajedrez eliminando uno de los peones de torre. Di Nucci propone, recomienda, discute y acaba por rechazar esa innovación.
f) Una vindicación de la obra de Slavoj Žižek.
g) Una traducción (del francés) de Made in USA de Guy Sorman.
h) Un panegírico de Jorge Edwards, en Página/12.
i) Un examen de las leyes métricas esenciales de la prosa francesa, ilustrado con ejemplos de Saint­Simon (La Hoja del Rojas, Montpellier, octubre de 2002).
j) Una réplica a Luc Durtain (que había negado la existencia de tales leyes) ilustrada con ejemplos de Luc Durtain (El Cronista Comercial, diciembre de 2002)
k) Una traducción (del inglés) de Retrato de un Londinense de Virginia Wolf (Radar Libros, 2004).
Hasta aquí (sin otra omisión que unos vagos epigramas circunstanciales para el hospitalario, o ávido, álbum de madame Henri Bachelier)) la obra visible de Di Nucci, en su orden cronológico. Paso ahora a la otra: la subterránea, la interminablemente heroica, la impar. Esa obra, tal vez la más significativa de nuestro tiempo, consta de la tercera parte de Nada. Yo sé que tal afirmación parece un dislate; justificar ese “dislate” es el objeto primordial de esta nota.
Dos textos de valor desigual inspiraron la empresa. Uno es aquel fragmento filológico de Novalis —­el que lleva el número 2005 en la edición de Dresden­— que esboza el tema de la total identificación con un autor determinado. Otro es uno de esos libros parasitarios que sitúan a Cristo en un bulevar, a Hamlet en la Cannebiére o a don Quijote en Wall Street. Como todo hombre de buen gusto, Di Nucci abominaba de esos carnavales inútiles, sólo aptos ­decía­ para ocasionar el plebeyo placer del anacronismo o (lo que es peor) para embelesarnos con la idea primaria de que todas las épocas son iguales o de que son distintas.
Quienes han insinuado que Di Nucci dedicó su vida a escribir una Nada contemporánea, calumnian su clara memoria.
No quería componer otra Nada —lo cual es fácil— sino la Nada. Inútil agregar que no encaró nunca una transcripción mecánica del original; no se proponía copiarla. Su admirable ambición era producir unas páginas que coincidieran ­palabra por palabra y línea por línea­ con las de Carmen Laforet.
“Mi propósito es meramente asombroso”, me escribió el 30 de septiembre de 2004 desde Bayonne. “El término final de una demostración teológica o metafísica —el mundo externo, Dios, la causalidad, las formas universales— no es menos anterior y común que mi divulgada novela. La sola diferencia es que los filósofos publican en agradables volúmenes las etapas intermediarias de su labor y que yo he resuelto perderlas.” En efecto, no queda un solo borrador que atestigüe ese trabajo de años.
El método inicial que imaginó era relativamente sencillo. Conocer bien el español, recuperar la fe católica, enfadarse contra el franquismo, olvidar la historia de Europa entre los años de 1945 y 2007, ser Carmen Laforet. Sergio Di Nucci estudió ese procedimiento (sé que logró un manejo bastante fiel del español de mediados siglo veinte) pero lo descartó por fácil. ¡Más bien por imposible! dirá el lector. De acuerdo, pero la empresa era de antemano imposible y de todos los medios imposibles para llevarla a término, éste era el menos interesante. Ser en el siglo veintiuno un novelista popular del siglo anterior le pareció una disminución. Ser, de alguna manera, Laforet y llegar a Nada le pareció menos arduo ­por —consiguiente, menos interesante— que seguir siendo Sergio Di Nucci y llegar a Nada, a través de las experiencias de Sergio Di Nucci. “Mi empresa no es difícil, esencialmente” leo en otro lugar de la carta. “Me bastaría ser inmortal para llevarla a cabo.”
¿Confesaré que suelo imaginar que la terminó y que leo Nada —toda la novela Nada— como si lo hubiera pensado Di Nucci? Noches pasadas, al hojear el capítulo I —no ensayado nunca por él— reconocí el estilo de nuestro amigo y como su voz en esta frase excepcional: El olor especial, el gran rumor de la gente, las luces siempre tristes. Esa conjunción eficaz de un adjetivo moral y otro físico me trajo a la memoria un verso de Shakespeare, que discutimos una tarde:
Where a malignant and a turbaned Turk...
¿Por qué precisamente Nada? dirá nuestro lector. Esa preferencia, en un español, no hubiera sido inexplicable; pero sin duda lo es en un periodista de Puan, devoto esencialmente de Benjamin, que engendró a Adorno, que engendró a Barthes, que engendró a Derrida, que engendró a Deleuze. La carta precitada ilumina el punto. “Nada”, aclara Di Nucci, “me interesa profundamente, pero no me parece ¿cómo lo diré? inevitable. No puedo imaginar el universo sin la interjección de Edgar Allan Poe:
Ah, bear in mind this garden was enchanted!
o sin el Bateau ivre o el Ancient Mariner, pero me sé capaz de imaginarlo sin Nada. (Hablo, naturalmente, de mi capacidad personal, no de la resonancia histórica de las obras.) Nada es un libro contingente, innecesario. Puedo premeditar su escritura, puedo escribirla, sin incurrir en una tautología. A los doce o trece años lo leí, tal vez íntegramente. Después, he releído con atención algunos capítulos, aquellos que no intentaré por ahora. He cursado asimismo La isla y los demonios, La insolación, la trilogía Tres pasos fuera del tiempo, La llamada... Mi recuerdo general de Nada, simplificado por el olvido y la indiferencia, puede muy bien equivaler a la imprecisa imagen anterior de un libro no escrito.
Postulada esa imagen (que nadie en buena ley me puede negar) es indiscutible que mi problema es harto más difícil que el de Laforet. Mi complaciente precursora no rehusó la colaboración del azar: iba componiendo la obra inmortal un poco à la diable, llevado por inercias del lenguaje y de la invención. Yo he contraído el misterioso deber de reconstruir literalmente su obra espontánea. Mi solitario juego está gobernado por dos leyes polares. La primera me permite ensayar variantes de tipo formal o psicológico; la segunda me obliga a sacrificarlas al texto ‘original’ y a razonar de un modo irrefutable esa aniquilación... A esas trabas artificiales hay que sumar otra, congénita. Componer Nada a mediados del siglo veinte era una empresa razonable, necesaria, acaso fatal; a principios del veintiuno, es casi imposible. No en vano han transcurrido sesenta años, cargados de complejísimos hechos. Entre ellos, para mencionar uno solo: el misma Nada.
A pesar de esos tres obstáculos, la fragmentaria Nada de Di Nucci es más sutil que la de Laforet. Ésta, de un modo burdo, opone a las ficciones pintorescas la pobre realidad provinciana de su país; Di Nucci elige como “realidad” la Buenos Aires de Menem y De la Rúa. ¡Qué gallegadas no habría aconsejado esa elección a Sergio Bizzio o al doctor César Aira! Di Nucci, con toda naturalidad, las elude. En su obra no hay gitanerías ni guardias civiles, ni místicos, ni Juan Carlos I ni autos de fe. Atiende y vindica el color local. Ese desdén indica un sentido nuevo de la novela histórica.
El texto de Laforet y el de Di Nucci son verbalmente idénticos, pero el segundo es casi infinitamente más rico. (Más ambiguo, dirán sus detractores; pero la ambigüedad es una riqueza.) Es una revelación cotejar la Nada de Di Nucci con la de Laforet. Ésta, por ejemplo, escribió:
De pronto se abrió la puerta de una patada de Juan, y Gloria salió despedida, medio desnuda y chillando. Juan la alcanzó y aunque ella trataba de arañarle y morderle, la cogió debajo del brazo y la arrastró hacia el cuarto de baño.
Redactada en la España de los años 40, redactada por la ingeniosa estudiante Laforet, esa narración es una mera pintura. Di Nucci, en cambio, escribe:
De pronto se abrió la puerta de una patada de Mariano, y Silvya salió despedida, medio desnuda y chillando. Mariano la alcanzó, y aunque ella trataba de arañarle y morderlo, la agarró debajo del brazo, la llevó al pasillo, y de ahí a ese baño que estaba separado.
Redactada en la Argentina del siglo XXI, la narración es una clara muestra de lo que se llama literatura postautónoma.
También es vívido el contraste de los estilos. El estilo arcaizante de Di Nucci —extranjero al fin— adolece de alguna afectación. No así el de la precursora, que maneja con desenfado el español corriente de su época.
No hay ejercicio intelectual que no sea finalmente inútil. Una doctrina es al principio una descripción verosímil del universo; giran los años y es un mero capítulo —cuando no un párrafo o un nombre— de la historia de la filosofía.
En la literatura, esa caducidad es aún más notoria. Nada —me dijo Di Nucci— fue ante todo un libro agradable; ahora es una ocasión de brindis patriótico, de soberbia gramatical, de obscenas ediciones de lujo. La gloria es una incomprensión y quizá la peor.
Nada tienen de nuevo esas comprobaciones nihilistas; lo singular es la decisión que de ellas derivó Di Nucci. Resolvió adelantarse a la vanidad que aguarda todas las fatigas del hombre; acometió una empresa complejísima y de antemano fútil. Dedicó sus escrúpulos y vigilias a repetir en un idioma ajeno un libro preexistente. Multiplicó los borradores; corrigió tenazmente y desgarró miles de páginas manuscritas. No permitió que fueran examinadas por nadie y cuidó que no le sobrevivieran. En vano he procurado reconstruirlas.
He reflexionado que es lícito ver en la Nada “final” una especie de palimpsesto, en el que deben traslucirse los rastros —Tenues pero no indescifrables— de la “previa” escritura de nuestro amigo. Desgraciadamente, sólo un segundo Di Nucci, invirtiendo el trabajo del anterior, podría exhumar y resucitar esas Troyas...
“Pensar, analizar, inventar (me escribió también) no son actos anómalos, son la normal respiración de la inteligencia. Glorificar el ocasional cumplimiento de esa función, atesorar antiguos y ajenos pensamientos, recordar con incrédulo estupor que el doctor universalis pensó, es confesar nuestra languidez o nuestra barbarie. Todo hombre debe ser capaz de todas las ideas y entiendo que en el porvenir lo será.”
Di Nucci (acaso sin quererlo) ha enriquecido mediante una técnica nueva el arte detenido y rudimentario de la lectura: la técnica del anacronismo deliberado y de las atribuciones erróneas. Esa técnica de aplicación infinita nos insta a recorrer la Odisea como si fuera posterior a la Eneida y el libro Le jardin du Centaure de madame Henri Bachelier como si fuera de madame Henri Bachelier. Esa técnica puebla de aventura los libros más calmosos. Atribuir a Louis Ferdinand Céline o a James Joyce la Imitación de Cristo ¿no es una suficiente renovación de esos tenues avisos espirituales?

Estanislao Figueroa

03 febrero 2007

Opciones

Viajar a Budapest.
Vivir en Gibraltar.
Rezarle al Sol.
Florecer.
Ser del Mar.
Rescatarse.
Resucitar al Che.
Vender Biblias en Belgrano R.
Anunciar el fin del mundo
en montañas de Montenegro.

Beber hasta morir.
Escribir hasta reventar.
Escribirle una carta al Juez.
Volverse objeto de su amor.
Fugarse de la Libertad.
Escuchar la voz de los Muertos.
Traficar órganos de los manicomios.
Putear a Menem
y a sus amigos.

Comerse un conejito del campo.
Tener una novia que se llame Carolina.
Comprarse un coche rojo siempre taxi.
Ser y no saber nada.
Escribir una tesis sobre el Conde de Villamediana.
Irse a la China de una vez por todas.
Irse a dormir la siesta.

Volverse cuerdo.
Hacer fierros.
Tornarse lluvia.
Hacer yoga.
Ser azúcar y disolverse
en una taza de café turco
en un kafana en Kragujevac.

Pegar un mapa de Argentina en la pared
y prometerse ir a conocer la Patagonia.
Amar a tu prójimo como a ti mismo.
Bajar películas de Internet
y no mirarlas nunca.
Subir al cielo y ver el sexo de los ángeles.
Pasarle un trapito a la tumba del enemigo.
Comprar tomate en la feria del libro.

Discutir con un taxista fascista.
Ser sin rumbo cierto.
Aprender a tocar la guitarra.
Comprar el diario y una docena de facturas.
Recitar poemas de Nicanor Parra en el Metro.
Cantarle a la Luna
porque alumbra
y nada más.

16 enero 2007

haber leído y sentir que se regresa
mudarse a palabras
si oportunas
encontradas por azar

hallarse en ellas
a la vez
iguales y distintos
sabedores de que
el tránsito es lo que importa

seguir la marcha
apretado el puño
el ojo firme

también regresando
se avanza

04 enero 2007

Fotos viejas

repaso marcas
voy de rostro en rostro
reparo en un gesto inadvertido y sigo

manos y ojos solidarios
conducen
cuando la tarde avanza
ese timón que late

así se suele ir
también

como si se volviese

26 diciembre 2006

el viento
ave disecada
presa en el árbol

¿pudiste resistir
ojito de agua?

otro día

otro día

23 diciembre 2006

rutina

Despertarse
tomar unos mates con unas galletas
escuchar el pronóstico del tiempo en la radio
darle de comer a las gallinas
y a los chanchos
ordeñar la vaca
mirar cómo crece el almácigo
sentir el viento
subirse la chata
ir al pueblo
meterse en el cybercafé
pedir una grapa
postear un poema gauchesco
moderno verso libre
sin rima

22 diciembre 2006

12 diciembre 2006

Hijo

estoy ocupado en asuntos domésticos
él va y viene
ocupado también
en sus domésticos afanes

de pronto
un beso en la mejilla

es un momento
apenas

un gesto del día

07 diciembre 2006

pececitos

pececitos de humo
ciñen el curso del asombro
con el que aguardo

17 noviembre 2006

La mùsica perdida

Perdida anda la mùsica
con sus pies de ceniza;
se detiene en los labios
como un beso sin vida,
como un deseo solo
que toca de puntillas.
La mùsica que oigo
no sabe de mentiras:
se escapa de la mano,
escaleras arriba,
huyendo de nosotros.
(Pero ella anda perdida,
perdida como un cuerpo
que ya se nos olvida.)

La mùsica es un fuego
que llama en sus cenizas.

En dias como este

En dìas como este escribo mucho,
corrijo los armarios,
los libros, cambio el sitio de las cosas
que me rodean. (Como
si pudiera yo darles
de ese modo una existencia real...)
Sucede al volver a casa, solo,
y encontrar a oscuras
los pasillos y encender un verso;
y otro y quedarme como estaba,
es decir, sin la luz.

En dìas como este lo mejor
es andar mucho, lejos,
sin querer acordarse de la vuelta,
por calles y comercios
ebrios de lucecitas que sonrìen.
Lo mismo no te acuerdas
despuès y tienes que inventar un mapa
como cuando eras niño para ser
pirata en una isla
(la cosa es que en dìas como este
ni escribo, ni sueño,
ni rompo a andar,
y mucho menos doy con el tesoro).

12 octubre 2006

y enseguida atardece

Ognuno sta solo sul cuor della terra
trafitto da un raggio di sole:
ed è subito sera.

. Salvatore Quasimodo

(Cada uno está solo sobre el corazón de la tierra,
traspasado por un rayo de sol:
y enseguida atardece.)

29 septiembre 2006

zumbido

y tampoco es menos cierto que
desde los tiempos sin memoria
nuestro universo emite un sonido apenas perceptible
un zumbido leve y persistente
hay quienes arriban a él tras largos años de tristeza
de mirar el ombligo la luna el pez la noche o la mandrágora
lo llaman silencio tempestad alba motor primero
hélice del ave llave de la noche cenit instinto
edad sin sol dios mismidad tibieza
y no falta quien lo mide y lo mira al trasluz
es un sonido monótono nadie pudo nunca no escucharlo
los muertos se sienten aturdidos los primeros siglos
no pueden descansar en paz a pesar de los devotos
a pesar de los paseantes que pisan la tierra arriba pisoteada
al cabo sin embargo también ellos se acostumbran
y fingen dormir
pero tienen insomnio

19 septiembre 2006

se acabaron los libros?
la idea es que publiquemos acá?
por qué nadie habla en la red-de-redes de otra cosa?
qué es el you tube? y el e-book?
qué hago con mi biblioteca?
con la poesía?
qué hago con los "abismos", los "transparencias", los "carmines"?
qué hago con la suba del alquiler?
y con el precio de la carne?
a quién se le ocurre un blog comunitario?
y de poetas?


hoy no tengo una tarde poética

04 septiembre 2006

a la larga
las paralelas se juntan
o se cruzan

02 septiembre 2006

huye
con el sol de la mañana
como un vampiro

vuelve
con el sol de otra mañana
como un ruiseñor